
Tras el fracaso del golpe de Estado realizado por el Bando Nacional, toda la industria cinematográfica se quedó en manos de la República, en las plazas de Madrid, Barcelona y Bilbao. Tenían que realizar un cine nuevo, de carácter propagandístico, con nuevos actores y directores, ya que los más relevantes se habían pasado al Bando Nacional. Uno de los grandes problemas de la República es que no poseía un cine uniforme, ya que en sus filas había ideologías muy dispersas como la anarquista o comunista, entre otras. Con la guerra, las grandes productoras fueron ocupadas y dirigidas por los sindicatos, bajo la influencia de una izquierda radicalizada.
Además, se crearon otras productoras, algunas de carácter anarquista como SIE Films, que a veces redundaban en el radicalismo exacerbado, jugando en su contra. Un ejemplo de ello son los continuos documentales emitidos sobre la quema de conventos. Los franquistas se apoderaron de una de estas cintas y cambiaron su audio para volverla en contra de los republicanos. El cine republicano anarquista como “Aurora de esperanza”, que fue dirigida por Sau, y que versa acerca del levantamiento popular, será decepcionante. Una de las películas que caracteriza el fracaso republicano es “Espoir- La Batalla de Teruel”, dirigida por Malraux, que supone todo un fiasco ya que cuando al fin concluye su rodaje, el conflicto ya había concluido y no tenía sentido estrenarla. La República albergaba un carácter social que no cesó ni en tiempos de guerra, aunque en este caso fuesen filmaciones para instruir a los nuevos e inexpertos soldados. Dos directores, Rafael Gil y Arturo Ruiz Castillo, de ideología conservadora, rodaron gran parte de estos films.
Los nacionales se aprovechaban del cine dado en la República, ya que reflejaba los valores de la España tradicional: en eso se basó su cine dentro de nuestras fronteras. Florián Rey viajó a Alemania en donde rodó “Noches andaluzas”, que incluso llegó a tener una versión alemana. Benito Perojo, también en Alemania, filmó “Suspiros de España” y “El barbero de Sevilla”; en su paso por Italia rodó “Los hijos de la noche”. Edgar Neville se encargó de dirigir “Vivan los hombres libres”.
Con el retroceso del Bando Republicano y la toma de ciudades como Bilbao, Barcelona, Valencia y, en último lugar, Madrid, los nacionales se encargaron de apoderarse de toda la industria cinematográfica. Aunque era un arte relativamente nuevo y poco explorado, Franco era consciente de su potencial propagandístico. Será ya en la década de los años 40 cuando el cine español empiece a despegar. Lo veremos más adelante.








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